Lo habitual es compartir casa, y a veces habitación, con otro estudiante, que puede ser de otro país o de nuestro grupo. La escuela asigna las familias según la edad, la disponibilidad, las alergias y necesidades alimentarias, las mascotas, el transporte y los criterios de protección del menor, por lo que no podemos garantizar que un alumno esté solo en una casa ni con quién la compartirá.

Las dos opciones funcionan bien. Durante la estancia, los alumnos viven rodeados de inglés: en la familia, en clase, en el agua y en las actividades. En una inmersión tan intensa, tener cerca a un compañero con quien entenderse les da valor para hablar, preguntar y participar en la vida de la familia. Y compartir con un estudiante de otro país hace que el inglés sea también el idioma de casa.

Si surge algún problema con una familia, la escuela lo atiende de inmediato, y yo estoy en Newquay durante toda la estancia.